viernes, 17 de noviembre de 2017

EL NUEVO HEROÍSMO Y LA SOLEDAD DEL QUE DECIDE PENSAR POR SI MISMO

Llega esta etapa del año, los docentes estamos cerrando ciclos, y es inevitable ponerse a pensar en los logros y fracasos del año que se va cerrando, sobre todo en orden a repetir conductas que nos llevaron a los logros y evitar las conductas que nos empujaron a fracasar. Creo que esta reflexión es indispensable para poder corregir el rumbo e intentar mejorar nuestro desempeño.

En este campo hay una infinidad de puntas de ovillo de las cuales podemos comenzar a tirar, de modo que, tal vez, no sea esta la única nota que escriba sobre el tema. Pero hoy me interesa particularmente hablar de la soledad en la que nos quedamos cuando decidimos pensar en forma independiente, sobre todo en estas épocas en que el pensamiento masificado parece reinar sobre las almas de nuestros contemporáneos.
Ya el gran filósofo, hace 2400 años, dijo que “el hombre es un ser social por naturaleza”, por eso es lógico que nuestros impulsos, instintos y tendencias nos dirijan a tener conductas que buscan, entre otras cosas, la aprobación de los otros. Esta tendencia, tal vez, nos lleva a un concepto cercano al de alienación en Marx. En fin, no es nada nuevo esto de querer ser parte de un grupo social, para lo cual se busca su aprobación y, un aspecto fundamental para lograr la aceptación es pensar como ese grupo social piensa, expresar los mismos conceptos y, hasta eso llegamos, expresarlos del mismo modo.

Creo firmemente que es buena esta tendencia natural a buscar la aceptación de los otros pero, en los tiempos que corren, el pensamiento se ha globalizado de modo tal que, en el mismo instante en que decidimos pensar en forma independiente, haciendo caso omiso de lo que piensa la masa, en ese mismo momento nos quedamos solos.

Esta soledad que produce el pensar independiente, el buscar la verdad más allá de la palabrería reinante en los medios, el llevar hasta las últimas consecuencias aquellos primeros principios de nuestro pensamiento, esta soledad es una carga muy difícil de llevar.

Esta soledad no solo nos hace nadar contracorriente, sino que aumenta exponencialmente la sensación de estar equivocados. Tanta fuerza tiene esta corriente, empujando hacia atrás y anulando nuestros tristes esfuerzos para pensar libremente que, la mayor parte de nuestros contemporáneos, deciden, más o menos conscientemente, renunciar a esta suprema libertad que todo ser espiritual debería resguardar a toda costa, como su más precioso tesoro; se transforma el hombre en un esclavo del pensamiento ajeno, se aliena, pierde su identidad, su sabor propio y, con esto, priva al mundo de la riqueza de su originalidad.

Este es uno de los mayores obstáculos que he encontrado este año para desempeñar mi tarea, no he podido evitar que, la potente sensación de estar equivocándome, me hiciera más inseguro, más lento, menos potente en mis acciones. Esta oscura fuerza me ha obstaculizado pero no me ha vencido, cada vez me cuesta menos desprenderme de la necesidad de tener la aprobación de lo demás. Espero que el próximo año sepa yo navegar sin tanto dolor por los océanos de la libertad del pensar.

Por mi estado y profesión tengo permanente contacto con jóvenes, noto que a ellos les cuesta, más todavía, el poder pensar con independencia. Los jóvenes que quieran pensar fuera de la caja necesitan hoy nutrirse espiritualmente y tener una actitud heroica. Ruego por ellos, y por nuestro futuro, pues este depende de que nuestros jóvenes puedan soltar amarras y lanzarse con valor e independencia, en heroica sólida, hacia la desmasificación, hacia la verdadera libertad.

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